martes, 29 de septiembre de 2009

La lune d'Étienne






Suspendida sobre París

hay una luna extraña

que los poetas no ven;

una luna

con astas de toro,

como traída de España:

negra luna de aspavientos

y lágrimas secas

que pende lánguida

y se baña en las aguas

de un Sena difícil.


El Louvre

no conoce

esta luna extranjera

que en las madrugadas

baja

a cabalgar

en las fuentes de Versalles,

galopando sobre las aguas

con la siniestra sombra

de un espectro vital.


Los hombres

que venden y beben vino

y las coristas anónimas

la miran pasar

en la forma

de una prostituta

y los ministros

y los embajadores

y los turistas de los Campos Elíseos

la creen

una exótica celebridad

de cabellos opacos.


Étienne la conoce.


La saluda cada alba

con sus manitas

manchadas

de tinta de Le Monde;

cada mañana

en un romance nuevo

que huele a cieno

y naranjos en flor.


Van los dos

atravesando

los arcos

y las plazas convulsas

mientras París lanza un bostezo

de gente que anda al Métro

y a las compras de cada día.


Los pintores se levantan

y los huelguistas van

al escándalo inmemorial,

y cuando los aviones

vomitan turistas

sobre los museos

y las avenidas

la luna de Étienne

les tiende

una guía de la ciudad.


No hay

una sola flor de lis

en todo Paris

y los escudos

y las fachadas ancestrales

se deshacen

en la ignominia

de los borrachos insomnes.


Al apurarse la noche,

se despiden.


Ella va a hacer

su función absurda

que los pintores no dibujan

que los poetas no ven

que los falsos gitanos

no cantan.


La luna de Étienne.


El alba llega

y con ella

la nada.


La cita rota

aborta

la última terneza.


Las manos de Étienne,

sus manos,

vacías.


Su luna ha muerto

ahogada

en un eclipse

de indiferencia

y olvido.




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Mi foto
La Habana, Cuba, Los Ángeles, Estados Unidos
Nacido en La Habana, Cuba, el 3 de diciembre de 1960. Emigra a Estados Unidos en 1980, a través del éxodo masivo de Mariel. Ganador de numerosos concursos de poesía, literatura y ensayo en Cuba y Estados Unidos. Publica su primer poemario, "Insomnia" en 1988, con gran acogida por parte de la crítica especializada y el público. Considerado por críticos y expertos como uno de los poetas fundamentales y representativos de la llamada Generación del Mariel junto a Reinaldo Arenas, Jesús J. Barquet, Rafael Bordao, Roberto Valero y otros.