lunes, 28 de septiembre de 2009

Poema a la muerte de mi madre



Te fuiste como se van las visiones evanescentes:

silenciosa, calmadamente

como un susurro de tela dócil

rozando la piel que agradece.


Regalaste con tu presencia

la reciente nitidez de un sueño.

Tu cara hermosa sonrió

y tus ojos brillaron para mí

como en otros tiempos.


Supe que te irías un domingo,

desde hace muchos, en año bisiesto.

Supe que partirías en mi dormir,

para no desvelar mi sueño.

Supe que la brevísima angina de mi pecho

anoche a las 8

fue tu corazón

despidiéndose del mío,

tocándome

físicamente

por última vez.


Dios se apiadó de tu rota soberbia;

de mi niño egoísmo

en no querer saberte

ni verte sufrir.


Conversemos aquí,

sin lamentarnos,

aplaudiendo el breve minuto

de tu ocaso tenaz y triste

y tu serena y meteórica ascensión

al incierto consuelo

de otras realidades

tatuadas de arcoíris…


Ya no hay distancia.

Ya no hay temor

a la partida cuando gravite.


Dormiré esta noche

triste pero tranquilo,

nuevas certezas

venciendo

antiguos y crueles pavores.


Te recibo, entonces

como siempre quise:

a mi lado; tibia y dulce

como perfume de mariposa

después de la lluvia…

¡Bienvenida!


Van Nuys, domingo 28 de septiembre de 2008

(año bisiesto)




1 comentario:

Rodolfo Cuevas dijo...

Hermano Pedro, es éste ciertamente un poema hermoso, merecedor de ser dedicado a un ser tan majestuoso como una madre: Tú querida madre, amigo. Me encantó e hizo brotar lágrimas de mis ojos.
Gracias, de corazón, hermano antillano, por invitarme a leerlo; es realmente precioso y conmovedor.
Un gran y tierno abrazos, hermanos del alma.

P.D.
He tenido, además de las consabidas ocupaciones, problemas técnico para acceder a Internet, razón por la cual vine tan tarde.

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Mi foto
La Habana, Cuba, Los Ángeles, Estados Unidos
Nacido en La Habana, Cuba, el 3 de diciembre de 1960. Emigra a Estados Unidos en 1980, a través del éxodo masivo de Mariel. Ganador de numerosos concursos de poesía, literatura y ensayo en Cuba y Estados Unidos. Publica su primer poemario, "Insomnia" en 1988, con gran acogida por parte de la crítica especializada y el público. Considerado por críticos y expertos como uno de los poetas fundamentales y representativos de la llamada Generación del Mariel junto a Reinaldo Arenas, Jesús J. Barquet, Rafael Bordao, Roberto Valero y otros.